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The Italian Wars - Ultimate (Battle Beta)

Lun 14 Nov 2016 - 16:30 por Miguel80tp

The Italian Wars - Ultimate (Battle Beta)



Lanzada la beta del futuro Italian Wars - Ultimate. Se han añadido varias facciones nuevas, junto con una revisión completa de todas las estadísticas de las unidades. También se han agregado nuevos sonidos y música que proporcionan una sensación completamente nueva y un ambiente renacentista.

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Campaña: El resurgir del Imperio Romano

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Fran Jr
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Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Lun 7 Abr 2008 - 0:31



CAPÍTULO UNO: ESPERANZA

Era el año 1174, y el Basileo Manuel I decidió cambiar sus planes de conquista imperial. Él siempre había ansiado la conquista de las antiguas provincias imperiales, pero ahora (y sobre todo después de su fallida campaña sobre Egipto debida a la ineptitud de sus “aliados” cruzados), veía que su objetivo estaba aún muy lejos.

Estudió día y noche los mapas del ancho mundo, y tras mucho planificar sacó un plan. El imperio volvería, como había hecho desde que él sujetaba el cetro imperial, a mirar hacia oriente, hacia Tierra Santa, sobre la cual marcharon antaño las Legiones de los “Romanoi”.

El mundo por aquel entonces era muy diferente a como era en tiempos del Mesías. Los infieles del islam habían tomado esas tierras al Imperio antaño. Siglos después, los descendientes de los bárbaros germánicos desembarcaron en Tierra Santa para purificar sus almas... y llenar sus bolsillos de oro musulmán. El mundo estaba en guerra, y si el Imperio Romano quería salir beneficiado de esto, debía jugar bien sus cartas y usar tanto diplomacia, como economía y guerra.

El plan del Basileo era sencillo en apariencia, pero requeriría de ayuda divina para llevarse a cabo: lo primero fue pactar con los reinos de Occidente para asegurar esas fronteras.

La Alemania de Federico Barbarroja, Francia, Venecia, Hungría y los Normandos habían actuado en conjunto hace unos pocos años con el fin de detener el avance bizantino por Italia. Ahora los únicos bizantinos en Italia eran mercaderes o simples turistas adinerados, y esto le hizo entender a Manuel que Europa no era la misma que su antecesor Justiniano había conquistado con franca facilidad. Las otrora disgregadas tribus germánicas eran ahora nacientes estados que pujaban por el dominio del mundo. Bizancio estaba muy débil para tomar Europa. Había llegado el momento de expandirse hacia oriente.

El oriente que Manuel quería tomar era el oriente turco. Las tribus selyúcidas que habían vencido en Manzikert (hace ya casi cien años) se habían asentado en las ricas tierras del interior de Anatolia. Había llegado el momento de marchar sobre los verdaderos enemigos de Bizancio, y nada más acabar de concretar su plan llamó a las armas a su ejército. Bueno, no tan rápido, pues el Basileo no quería derrochar demasiado dinero en las campañas, así que se enfrentaría a un enemigo que le superaba ampliamente en número. Lo que haría de esta desventaja una ventaja es que los romanos atacarían por sorpresa, con golpes meditados y decisivos. Y sobre todo, no habría ni supervivientes ni piedad.


CAPÍTULO DOS: LA ESPADA QUE PURIFICA AL HEREJE
Año 1174, los ejércitos del Basileo ya se habían puesto en marcha. Desde Trebisonda hasta Esmirna, las guarniciones urbanas de la costa de Anatolia eran ahora orgullosos soldados que marchaban hacia el interior con el estandarte romano en alto. Entre ellos figuraban todo tipo de unidades, desde milicias hasta infantería pronoia; desde campesinos arqueros hasta veteranos arqueros de Trebisonda; desde jinetes sin experiencia hasta caballeros pesados que eran el terror del enemigo. Todos habían sido invocados por el Basileo para marchar sobre los selyúcidas.

A cierta distancia de esto, un solitario diplomático llegaba a las murallas de Antioquía. Al emperador no le gustaban nada los jóvenes estados cruzados, pero era necesario un pacto al menos para garantizar la derrota de los turcos.

Nunca había entendido, como sus compatriotas, la idea de los monjes-guerreros. Un hombre debía ser bien guerrero, bien monje, y punto. Pero la idea de los cruzados era descabellada, y no tardarían en ser expulsados de Tierra Santa a menos que la mano benévola del emperador les salvase a tiempo. O quizá les condenase...

En todo caso, ahora necesitaba la colaboración del Principado de Antioquía. De lo contrario, los turcos podían pactar con los cruzados y las cosas se pondrían muy feas.

Además, el Basileo preparaba medidas para mejorar la economía bizantina. El ejército sería el justo, nada de deformes masas de campesinos, sino gente preparada y concienciada. La armada bizantina continuaría su decadencia, muy a su pesar y para el regocijo de las nuevas repúblicas italianas. Por último, envió varios mercaderes a las tierras de Antioquía a exprimir hasta la última moneda de allí. Muchos de estos mercaderes llegarían a ser famosos y, obviamente, riquísimos. Se recuerdan nombres como Gavriel, Nikolaos Dalassena, Prousenos Rogerios y, en un tiempo posterior, Demetrios de Portarea. Todos ellos triunfaron y enriquecieron las arcas imperiales, y por ello merecen su lugar en esta historia.

Entrando definitivamente en el tema militar, el ejército de Manuel estaba en franca guerra con los turcos hacia el año 1080 d.C. Los infieles vieron como de todas partes surgían miles de romanos dispuestos a recuperar sus tierras y, con ello, su gloria. Las batallas se sucedían, y los ejércitos bizantinos no dudaban en unirse para afrontar juntos la conquista de ciudades.

Primero cayó Doryleum, en la cual el Basileo entró victorioso con sus tropas, soldados provenientes sobre todo de Nicea, Paleokastron, Abidos y la misma Constantinopla. Muchos ciudadanos conquistados eran de la fe ortodoxa, y por ello recibieron con júbilo y vítores al Basileo y a sus hombres. Emocionado por la calurosa acogida, Manuel perdonó a la ciudad, lo cual le traería algún que otro quebradero de cabeza en el futuro, pues eran más los de fe islámica que miraban con odio desde las ventanas de sus casas como los griegos volvían para esclavizarlos.

Al sur, cayó Armorium al año siguiente. Las tropas de Esmirna y Laodicea entraron en la ciudad y la saquearon, llenando aún más las arcas del Estado, que ya no solo no se reducían, sino que aumentaban sin parar. Las riquezas que los turcos nos robaron antaño retornaban a la capital, que ahora experimentaba un auge.

Los turcos estaban furiosos. Toda su furia cayó sobre los soldados romanos que, con una determinación legendaria, avanzaron impasibles y aplastaron todo lo que los infieles les echaban. Tras unas cuantas batallas campales, el ejército de Ankara necesitaba refuerzos. Estos refuerzos llegaron del norte, de Sinop, Heraclea y Trebisonda. Ahora pudieron seguir avanzando, y al poco tomaron Ankara, otra ciudad que, más que conquistada, fue liberada del yugo turco. El Basileo fue también caballeroso aquí, mas decidió saquearla. Primero, las arcas imperiales, y luego las provinciales.



El emocionado ejército romano no podía creer su suerte. Gracias a certeros golpes, estaba ganando una guerra que parecía sentenciada hacía más de un siglo. Sin embargo, ni los apoyos del norte fueron suficientes, y la guerra relámpago era ahora lenta. Si el Basileo no hacía nada, los turcos de Bagdad no tardarían en llegar. Aunque se había encargado de que Antioquía le sirviera a la vez de un efecto bisagra sobre los turcos del norte, y de un muro frente a los del sur, no podía confiar en esos bárbaros cristianos. Y Manuel temía lo improbable.

Entonces, empezó a echar mano de mercenarios: caballería armenia, arqueros de la zona, turcomanos... todos los soldados sin más patria que el dinero fueron acogidos por el Basileo y colocados en primera línea.
Poco duraban estas tropas en el ejército, pues Manuel no estaba dispuesto a pagar los costes de mantenimiento. En cuanto dejaban de ser útiles, los retiraba del ejército imperial y que se buscaran la vida.
Las derrotas turcas se siguieron sucediendo. Si bien ahora de un modo más lento, nunca hubo un momento en el que pareciera que los romanos perderían la guerra, y eso les sirvió de aliento a los agotados guerreros de Manuel.

Tras dos grandiosas, megalómanas y sangrientas batallas, las poblaciones de Ataleya, Alanya (ambas recién incorporadas al sultanato selyúcida) y Kirsehir cayeron. Un último bastión resistía: Iconia. Las tropas con el Basileo en persona se dirigieron allí. De pronto surgió un poderoso ejército que les hizo frente. Era la batalla final, el todo o nada. De perder, deberían replegarse muy adentro de sus territorios, pues ya ni con mercenarios podrían recuperarse pronto.

Gracias a Dios, al atardecer más de un millar de cadáveres turcos yacían sobre las estériles llanuras de la zona. Sobre ellos, los soldados romanos que gritaban sin cesar “Salve, Emperador.” En medio de la escena, Manuel les devolvía el saludo a sus hombres. Sabía que Iconia era suya aunque aún no estuvieran en ella. Sabían que dominaban Anatolia, después de cien años de humillantes derrotas. Ahora veía un futuro prometedor para Bizancio y los romanos. Una segunda oportunidad le había sido dada por Dios a los romanos.

Por ello, mientras saludaba a sus hombres, en cuyas caras estaban grabados por igual el cansancio y la alegría, solo pensaba en una frase: El resurgir de Bizancio estaba cerca.


************************************************************

Espero que os haya gustado. Quizá os parezca cansino en alguna que otra parte, pero si me limitaba a las conquistas militares, creo que la historia hubiera sido algo así como "cogí a todas las tropas y me cargué a los turcos". Si hay alguna crítica, la escucharé y actuaré en consecuencia en las partes siguientes, en las que ya habrá imágenes de la partida (las posteadas en otro tema).

Sobre las imágenes ya puestas, son:
1-La ciudad de Constantinopla en la época.
2-Manuel I Commeno, el Basileo al rededor del cuel gira esta historia.
3-Soldados bizantinos de los siglos XI-XII, mas o menos de la época.

En fin, gracias a todos por animarme cuando todo parecía perdido para el Imperio. Ahora las cosas marchan muy bien, pero procuraé no contarnada para no desvelar el final... o alguno de ellos, pues aún no hay final lol!

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por JohnnyRocco el Lun 7 Abr 2008 - 0:55

Que bueno tio!!!!


Me encanta!

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Lun 7 Abr 2008 - 1:03

Muchas gracias, uno que lo ha leído (yo no me atrevo) Laughing Laughing Laughing

Pedrex
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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Pedrex el Lun 7 Abr 2008 - 21:02

Grandioso Wink

Ramsés
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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Ramsés el Lun 7 Abr 2008 - 22:34

Muy buena historia Fran, debo felicitarte por el trabajo que has hecho. Se nota que te encantan los bizantinos. Por cierto, se te olvidó contar que los bizantinos dejaban a los cruzados camino para pasar por sus tierras hacia Tierra Santa y que los bizantinos le atacaban a traición. Y que más tarde los europeos conquistaron al Imperio Bizantino formando el Imperio Latino, pero me imagino que todo eso lo sabrás.

¡Por la gloria de Ra!farao

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Lun 7 Abr 2008 - 23:36

Si, más o menos
Razz -Cierto es que los bizantinos atacaron a los europeos mientras pasaban por sus tierras, pero los europeos devastaban las zonas y armaban un tumulto parecido al que hace un ejército rebelde en el juego, que hasta va dejando seniza por el suelo donde pisa. Al final, y con mi modesta experiencia (me encantará bizancio, pero de esto hace solo un par de meses), creo que hay que verlo desde el punto de vista cultural. Ambos ejércitos no se odiaban, pero sí había cierta xenofobia por la diferencia cultural y, para qué engañarnos, tento los cruzados como los bizantinos tendrían excusas de sobra para asaltar alguna noche el campamento contrario. O bien eras un romano cuya mujer había sido violada por los bárbaros europeos, o bien eras un francés en tierra incierta que buscaba la defensa incluso ante tus aliados griegos...

-Respecto a la Cuarta Cruzada y sus desastrosas consecuencias, al tiempo tiempo, estoy pensando en cómo continuar la saga, y es casi seguro que mañana llegue hasta ese momento, en el que cambié la historia adelantándome a ella. Hoy, que estaba cansado y sin tiempo, he avanzado en el juego. Solo adelanto que los mongoles están ya por Bagdad, y que la cosa se pone a la vez difícil e interesante. Twisted Evil

Por último, gracias a los que han leído todo el ladrillazo. Si me he tomado el tiempo de narrar así la campaña es, más que nada, por si alguien quisiera leerlo como yo leí otros relatos que me encantaron. Para los que se cansan pronto... fácil, la versión corta: Fuí, ví, y eché a los turcos de Anatolia. Very Happy

Gracias a todos, continúo mañana Wink


Edito: Para abrir boca, que tanto texto sin imágenes seguro que aburre demasíado:

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Mar 8 Abr 2008 - 23:14



CAPÍTULO TRES: APAGANDO LAS LLAMAS DE LA IRA
Han pasado unos cuantos años desde la caída de Iconia y la consiguiente expulsión de los turcos de Anatolia. Los romanos han conseguido el control de las regiones del interior, y en unos pocos años más entran en Cesárea y Corum. Por desgracia, los rebeldes de Sebastea derrotaron a los ya agotados soldados del Basileo, y tras un asedio infructuoso, los soldados de Constantinopla se retiraron hacia Trebisonda. Por si fuera poco, al volver contemplaron estandartes del Principado de Antioquía sobre las torres de las murallas de la ciudad. Llegaron tarde, y esto dejó un regusto amargo en el final de la guerra.

Fueron precisamente estos molestos cruzados los que plantearon un serio dilema al Emperador Manuel. Sus relaciones con el principado de Antioquía eran excelentes, pues las guerras comunes y los numerosos pactos habían estrechado la distancia entre Constantinopla y Antioquía.

Pero por otro lado, el poder de Antioquía crecía de forma molesta. Aparte de Sebastea, los cruzados tomaron Malatya y Adana en Anatolia, además de otras conquistas por el este. Es más, de haberse expandido por otra zona esto no hubiera molestado al Basileo, pero el principado estaba justo taponando a Constantinopla, y con éste bloqueo amistoso le sería difícil ganar más terrenos. Pensó en pedir un permiso de paso a través de los territorios aliados, pero ni estos quisieron concedérselo, ni a Manuel le entusiasmaba la idea de un imperio discontinuo (sobre todo después de ver lo que les ocurrió a los turcos).

De este dilema salió Manuel con la idea de frenar las conquistas imperiales y dedicarse a crear un auténtico Imperio Romano: el imperio que se perdió hace un siglo en la batalla de Manzikert. Lo primero, reclutó a una auténtica legión de sacerdotes y obispos a lo largo y ancho del imperio. En una generación, el cristianismo ortodoxo minoritario se convirtió en una aplastante mayoría en casi todo el imperio. Además, Manuel reconstruyó gran parte del antiguo sistema de calzadas del Imperio. Los caminos no eran tan limpios y seguros desde tiempos de Justiniano, o quizás desde Constantino, el que fundó la capital imperial. Otras mejoras afectaron un poco a cada rama de la economía y la ciencia. Se crearon importantes edificios en Constantinopla, que por esos tiempos era con diferencia la capital del mundo de nuevo. Los mercaderes salieron de los mercados locales e invadieron los mercados extranjeros. Esto, sin duda, era una estrategia para contraatacar las economías de las jóvenes pero molestas repúblicas italianas.

De estas fechas es el llamado “desembarco de Antioquía”. No fue un desembarco militar, sino que desembarcaron en Antioquía mercaderes, espías y sacerdotes. Los primeros se establecieron en nuevos lugares estratégicos, los segundos viajaron hacia los turcos de Bagdad para vigilarlos bien, y los terceros predicaron la verdadera palabra de Dios por Tierra Santa. De los sacerdotes destaca San Constantino de Zichna, que viajó sin demora a Jerusalén, y allí predicó la palabra de Dios hasta su muerte, muchos años después. Llegó a convertir al cristianismo ortodoxo a casi la mitad de los palestinos de la zona, algo increíble si observamos la lucha religiosa del momento.



Entre tanta gloria sí que hubo algunas excepciones que ensombrecieron la historia imperial. Es el caso de Teodosiópolis, una ciudad conquistada y ocupada por los romanos en el extremo oriental del imperio. Ésta ciudad tuvo desde sus inicios una postura de rebeldía frente a la capital, y los conflictos fueron creciendo hasta causar un dilema moral al propio Emperador. Tras debatirlo mucho, decidió gobernar el Imperio con mano de hierro (para este vez sí poder mantenerlo fuerte y unido), y tramó uno de los planes más desalmados de la época.

Se hizo ver a los ciudadanos de Teodosiópolis que habían ganado la guerra, que los romanos se retiraban. Destruyeron todo lo que pudieron y se llevaron las materias primas y hasta el último soldado. Al poco de irse el invasor, la ciudad explotó en gritos de alegría y erigieron el estandarte turco en honor a sus verdaderos soberanos. Los gritos de júbilo pronto se convirtieron en gritos de pánico, sobre todo cuando casi dos mil romanos perfectamente equipados aparecieron entre las colinas que rodeaban la ciudad. No tuvieron piedad. Después de entrar en la ciudad y masacrar a todo el que opusiera resistencia, los romanos (que eran en parte los que se habían retirado más la guarnición de Trebisonda) exterminaron a la plebe e impusieron durante casi dos décadas un régimen ascético en el poblado: solo se construyeron edificios religiosos y de control de la población. A los pocos años, la población había sufrido tal lavado de cerebro que se convirtió en una de las ciudades más incondicionales del Imperio. Algo parecido sucedería con El Cairo, pero eso ya es otra historia muy diferente, que será contada en su debido momento.


Al final, podemos resumir que en veinte años Manuel había convertido un imperio musulmán y dominado por unos pocos cristianos en un pueblo cristiano y estable, primera potencia económica mundial. No obstante, cuando parecía que la prosperidad no tendría fin, una nueva amenaza surgió en occidente.

Los reinos cristianos de occidente habían convocado una cruzada, pero tras la toma de Zara (una ciudad en disputa entre Hungría y Venecia) y su entrega a la ciudad-estado italiana para costearse el viaje, el papa excomulgó a los cruzados, pese a que posteriormente solo mantuvo la excomunión con Venecia. Sin un medio para llegar a Tierra Santa, los cruzados aceptaron la propuesta de Alejo, miembro de la familia real bizantina que deseaba ocupar el trono imperial. Así, se llegó a un juego de títulos, intrigas palaciegas y acciones poco amistosas con Venecia, que desembocó con la invasión de ésta sobre el Imperio Romano. Pero estábamos preparados.

Temiéndose esto, Manuel Commeno puso una buena guarnición en la ciudad, aunque llegada la hora de la verdad habría resultado insuficiente. Al ver el ejército al que se tendría que enfrentar, Constantino de Atos, el príncipe encargado de la defensa de la Ciudad Eterna, no paró de reclutar hombres hasta que llegó la hora de la batalla. Tantos hombres reclutó que la ciudad no daba abasto, y hubo de construir a un par de kilómetros al norte una fortaleza conocida como Fuerte Esperanza, en la que se guarnecieron unos mil hombres de todo tipo, desde mercenarios de poca monta hasta miembros de la Guardia Varenga.

Después de un saqueo continuado de las regiones colindantes, los venecianos atacaron la capital. Pretendían un asedio que finalizara con la ruptura de las murallas, pero se encontraron con un verdadero infierno. Sobre la triple muralla de la ciudad, quinientos soldados de infantería, más otros quinientos arqueros de élite, mas tropas auxiliares de caballería, todos ellos liderados por Constantino de Atos. Cuando comenzó el fuego de artillería, los venecianos se dieron cuenta de su error, y sobre ellos se abalanzó el ejército entero, mas los refuerzos de 641 soldados desde el Fuerte Esperanza.

La batalla fue entre 1789 romanos y 1424 venecianos. Sobrevivieron 719 romanos y 376 venecianos huyeron como ratas, olvidando a otros 136 camaradas, que fueron hechos prisioneros de los romanos, siendo al fin castigados con la muerte sin posibilidad de rescate. Venecia tendría florines, pero nosotros no les devolveríamos sus escasos hombres.
En esa batalla participó el Dogo veneciano, pero aún dejaron a 421 hombres de reserva en la costa. Mientras el Dogo huía despavorido a los barcos, Constantino masacró a los supervivientes y a la reserva, que huyó y fue más tarde atrapada y dada muerte.

A los cinco años, los venecianos abandonaban las costas de Bizancio. Dos Dogos habían perdido la vida sucesivamente a las orillas del Mar de Mármara, y miles de venecianos nunca regresarían a su patria. Lo peor les estaba por llegar. Cuando perdieron de vista la costa Bizantina, creyeron estar a salvo, mas de pronto apareció una flota griega tres veces mayor y envió a los torturados italianos al fondo del Mar.
Muy lejos de allí, Manuel sonreía. Sentía que había cambiado la historia, y que Bizancio tenía otra oportunidad.


********************************************************************
Bueno, lamento no poder esperar a ver comentarios ni añadir nada, pues me llama la cama con demasíada fuerza Laughing Solo que espero que os guste. Wink

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por JohnnyRocco el Miér 9 Abr 2008 - 1:32

Magistral tio!!!!!!

Estoy mas enganchao a esto que si se tratara de un culebron!!!

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Stoneman el Miér 9 Abr 2008 - 9:33

Tremendo, XD haces de un juego una película historica... mis mas honrosas felicitaciones.

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Miér 9 Abr 2008 - 14:51

Muchas gracias, creo que el principal problema es que lo hago demasíado largo, pero así es, si lo partiera en mas trozos sería muy difícil seguirle el argumento y por eso intercalo imágenes del juego.

Espero seguir con el proyecto esta tarde, pero si no me diera tiempo continuaría muy pronto, cpuesto que el más enganchado de aquí soy yo!
En la siguiente parte hablaré de las nuevas conquistas imperiales, luego jugare otro poco y hare otra parte, y a partir de allí juego y campaña irán perfectamente sincronizados. Very Happy

Espero que os guste. Saludos! Wink

Edito: Hoy no va a poder ser, mañana me dedicaré al 100% a tener la historia. Disculpas varias Laughing

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Sáb 12 Abr 2008 - 0:52



CAPÍTULO CUATRO: UNA NUEVA CARA
Año 1236. Tras no menos de 118 años en este mundo, y 93 años en el poder (sin duda el reinado más largo de cualquier rey no bíblico hasta el momento), el Basileo Manuel Commeno experimenta con resignación como su antigua inmortalidad concedida por la Gracia de Dios iba desapareciendo. Había vivido mucho, y en determinado momento comprendió que su vida llegaba a su final. Hizo llamar a su heredero, Stefanos, que se encontraba en Nicea. Cuando llegó, le hizo sentarse.

-Has de saber que muy poco me queda en este mundo, querido Stefanos.
-Espero que aún le quede algo de tiempo.
-Lo dudo horrores. Verás, compañero, tras tantos años de dirigir al imperio, de hacerlo renacer y de salvarlo de su injusta condena, he de pedirte solo como un viejo enloquecido que sepas dirigir el Imperio como hice yo.
-Estoy preparado para ello. Estarás orgulloso de mí cuando me observes desde los cielos, mi señor. Y si desearais darme un consejo, siempre estaré dispuesto a escucharos.
-Éste es mi consejo, Stefanos.-Hizo unas señales a dos siervos, que le trajeron algo envuelto en telas. El Basileo, con más paciencia que inquietud, desenvolvió lentamente la tela y extrajo de ella un reluciente escudo, que no obstante se veía ya muy antiguo aunque bien cuidado.
-Esto es para ti. Su historia se pierde en nuestra familia, y me ha servido para gobernar todos estos innumerables años, sobre todo desde que pacté con Europa la paz.
-¿Cómo podría ayudarme? Creo que no lo entiendo.
-Mira el escudo, Stefanos. Es el símbolo del Imperio. Este antiquísimo escudo te puede ayudar a recordar por qué llevas una corona sobre tu cabeza. No serás un simple mercader adinerado, sobre ti reposarán todas las riquezas, pero también todas las responsabilidades del pueblo de los romanos. Es tu deber dirigir el país, no me importa de qué forma, solo que lo dirijas por el bien de la Romania. Da de comer a tu pueblo, haz ricos a tus mercaderes, dirige los caminos de nuestra Iglesia Ortodoxa con nuevas tierras por santificar. Gobierna, amigo, por el bien de Bizancio. Nunca por el tuyo o el de otro.

Stefanos miró emocionado al monarca. Su extrema vejez le hacía parecer débil, pero sus ojos desprendían un aura de respeto y sabiduría. Mil millones de sucesos habían pasado bajo su atenta mirada, y casi nunca había errado. Es una pena, mas esta sería la última vez que lo vería con vida. Al poco, el Basileo murió en Teodosiópolis, con la conciencia tranquila y con el respaldo del mayor imperio del mundo, el cual lo guiaría sin dudar a las puertas del Cielo.



Stefanos quedó muy triste, y también pensativo. Durante días, en los que el pueblo lloró la muerte de su Emperador, no hizo sino observar con detenimiento el escudo mientras pensaba qué rumbo tomar. Antes lo tenía claro, ahora quería asegurarse.

El día de la coronación, Constantinopla estaba llena de vivos colores, y por las calles restallaban los vítores de la gente que alababa a su nuevo Emperador, Stefanos I. Las penas se habían ido, lo viejo daba paso a lo nuevo. Después de ser coronado Basileo, Stefanos dio un discurso a todo el pueblo por igual:

-Pobladores de la Romania, desde los poderosos terratenientes hasta los más humildes mendigos. Hoy inicio mi largo camino como vuestro emperador, y os aseguro un futuro aún mejor.- Fue interrumpido por los gritos de alegría del público, y acto seguido continuó. –El pueblo romano necesita equilibrio para sobrevivir, y además de la ayuda celestial necesitaremos una unión en tierra. Bizancio necesita de un líder fuerte y decidido, necesita seguridad, y la prosperidad vendrá con lo anterior. Por todo esto, propongo desde aquí la vuelta a los tiempos de gloria, los tiempos verdaderamente imperiales. Y como el antiguo Constantino, proclamo lo que los romanos necesitan:

UN IMPERIO, UN DIOS, UN EMPERADOR.

El pueblo chilló de alegría. Se notaba el carisma de su nuevo monarca solo con mirarle. Miles de caras sonrientes le saludaban levantando el brazo hacia él. No le hizo falta, sin embargo, mirar a los balcones de los nobles para conocer su desagrado. Acababa el feudalismo en Bizancio. No sería hoy, ni mañana, sino poco a poco. Y Bizancio volvería a ser reina de reyes y gobernadora de gobernantes. Para siempre.



*********************************************************

Espero que os guste. No he podido cumplir la promesa de hacerlo el jueves, y hoy también me surgieron imprvistos, así que solo me ha salido esta mini-parte, que en principio iría incluída en un gran capítulo. Pero poniendo solo esto logro poder irme a dormir y que no se os atragante mucho, porque ya es mucha letra.

En fin, prometo continuación próxima, quiza mañana misma, pero no prometo un día concreto por miedo a fallar (estoy lleno de exámenes y mis padres pueden dar al traste con todo invitándome a comer en algun sitio o algo así)...
Saludos a todos. Razz

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por JohnnyRocco el Sáb 12 Abr 2008 - 1:10

Cojonudo tio!!

A la espera de proximas entregas!! Very Happy

Balduino IV
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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Balduino IV el Sáb 19 Abr 2008 - 13:41

lo e leido todo, y esto es la ostia,sigue asi que vas por buen camino

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Lun 21 Abr 2008 - 23:37

Muchas gracias. Acabo de volver de Galicia y tengo exámen de historia el jueves/viernes. Después de hacerlo, será mi primerísima preferencia continuar. Ojalá me dejen tiempo de una vez geek

Fran Jr
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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

Mensaje por Fran Jr el Mar 22 Abr 2008 - 22:14

Advierto de que este es solo otro capítulo intermedio. Pensaba hacer algo definitivo, pero el tiempo se me ha hechado encima y no he podido planificarlo. Así que es algo así como un diálogo que introduce la posterior campaña...


CAPÍTULO CUATRO Y MEDIO: CHARLA BIZANTINA
Poco después de su discurso triunfal, el nuevo Basileo Stefanos se reunía con la élite bizantina: nobles (los que quisieron asistir, otros estaban en sus villas indignados por la proclama anti nobiliaria del Emperador), altos cargos eclesiásticos y grandes estrategas de los themas de todo el Imperio.
-Os he reunido a todos vosotros con el único fin de estudiar la situación por la que corre nuestro imperio. Tendremos que salir de esta sala con un plan en limpio para mayor gloria de los romanos.
-Primero quisiera hacerle una pregunta, mi señor- hablaba Teostikios, miembro de la alta nobleza- es sobre lo que dijo hará una semana. Supongo que no se referiría a lo que...
-Ambos sabemos a qué me refería. El imperio en tiempos de Justiniano el Grande era inmenso porque era un hombre de fuerte espíritu el que lo lideraba. Ahora el imperio no avanza, porque en su espalda debe de cargar con el peso de nobles hipócritas que no hacen más que socavar nuestras arcas estatales.-

-Mucho tiempo ha pasado desde entonces, Stefanos. Ahora la nobleza es un pilar del Imperio. Y no nos dejaremos ava...

-¡SILENCIO! Para ti soy el Emperador. Me debes más respeto. Y si deseas desafiarme, haré contigo lo que Justiniano hizo con los rebeldes en el hipódromo-

Teostikios, indignado, se colocó la túnica con aire arrogante y salió de la sala dando un sonoro portazo.

-Bien, ese sujeto es un claro ejemplo de lo que me refería. Aristócratas sin honor, perdidos en la codicia. Arrogantes, viciosos, desviados. El Imperio debe hacer un montón (de cadáveres) con ellos para escalarlo y volver a mirar al resto de naciones desde una posición superior. Quien quiera irse, que se vaya cono él ha hecho. Quien crea en el Imperio Romano, en sus gentes y en su gloria imperecedera, que se quede y aporte su conocimiento.-

Nadie se fue, por lo que el Basileo (tras dejar un breve silencio para que calaran sus palabras) prosiguió:
-Cuál es la situación económica-
-La economía se ha estado estancando desde que expulsamos a los venecianos. El mantenimiento del ejército y de los funcionarios públicos asciende ligeramente más deprisa que las ganancias, y cada vez las obras en las ciudades son más caras.-

-¿Solución?-

-La entrada de nuevo capital en las arcas estatales. No me refiero a crear dinero (que solo aumentaría la inflación), sino a conquistar y (sobre todo) saquear.-

-Muy bien, Vitelios, bien expuesto. Ahora dime cómo entrar en guerra, pues nos rodea el “bien amado” principado de Antioquía, y no querría invadir a una potencia que nos supera militarmente y que –casualidades de la vida- resulta ser nuestro mayor aliado.

-Yo podría sugerirle algo- respondió un general veterano cuyo nombre era desconocido para el Basileo – Bien es sabido que vuestro hermano (que en paz descanse) ansiaba restaurar la antigua gloria imperial, y para ello preparó un ejército en Constantinopla. El ejército zarparía el primer año del nuevo siglo hacia... Egipto, las tierras bañadas por el Nilo.

-Muy bien, ahórrate adornos y habla claro-

-Pues ese ejército nunca partió porque hubo de defender las murallas imperiales de los invasores latinos (*los venecianos). Ahora están recibiendo la manutención de un soldado, pero llevan años... como decirlo... sin otra cosa que hacer que rascarse las pelotas.-

-Bien, ¿entonces sería conveniente un ataque sobre los musulmanes egipcios?-

-Yo creo que sería voluntad divina el retomar Alejandría, una de las primeras diócesis de la cristiandad. Sin duda, la dicha sería grande-
Respondió un orondo obispo, el mismo Patriarca de Constantinopla.

-El ejército es insuficiente ahora, pero en un año lograríamos reunir una fuerza suficiente como para devastar el Nilo entero-

-A la burguesía romana le satisfaría tener el monopolio de las tierras del Nilo. Allí hay de todo, y de ser nuestro nos convertiría en dueños del mercado europeo, africano, asiático... mundial.

-Pues no se hable más, o de lo contrario terminaremos hartando a los foreros. Esto es una auténtica discusión bizantina.

-Desde luego, es más, yo finalizaría el capítulo ya, se nota que nuestro escritor se cae de sueño.

-¿¿¿Qué??? ¿Acabar ahora? ¿Y la conquista de Egipto?

-Ya será dentro de poco, o de lo contrario Johnny le dará de collejas. Por ahora basta con saber que las tropas imperiales pronto marcharán sobre Egipto.

La asamblea estalló en un coro de vítores. Un distraído preguntaba en voz baja “¿y quién es Johnny?”

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Re: Campaña: El resurgir del Imperio Romano

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